miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL VIAJE II


Pasó una hora. Estuve intentando mantener las formas, pero a la vez descubriendo sus puntos débiles.
Cuando estoy con una mujer intento conocer donde están las zonas de su cuerpo que le hacen perder el consabido dominio de la situación, propios del género femenino.
Marie tenia en el cuello una de sus zonas erógenas mas señaladas. La segunda era la espalda.
Al meter mi mano por debajo de su jersey, rozándola con las yemas de mis dedos, escuchaba como sus suspiros contenidos aumentaban de intensidad. Alcancé sus pechos, los acaricié por encima del sujetador, busqué sus pezones y estos respondieron inmediatamente al estímulo poniéndose totalmente erectos. Mientras, mi boca recorría muy despacio su cuello mojándolo ligeramente con la punta de mi lengua.
En un momento en que la temperatura había subido muchos grados y parecíamos unos adolescentes desesperados, le propuse marcharnos del local.
Pagué la cuenta y volvimos caminando hacia el coche. Mi intención no era volver al coche, sino al hotel para continuar lo empezado y calmar el terrible calentón que llevábamos
No se si fue el cambio de temperatura al salir de nuevo a la calle o que había luna llena o sencillamente que actuaba como suelen hacerlo las mujeres en este terreno, o sea haciendo lo contrario de lo que queremos los hombres.
Dicho de otra forma su respuesta ante mi proposición de ir al hotel fue un no rotundo.

- “Es pronto” - me dijo.
- Pero pronto ¿para que?, si se trata de pasarlo bien durante un rato y ya está
- Es demasiado pronto – insistió.

Yo sabía perfectamente lo que me estaba diciendo, pero los estrógenos no me dejaban pensar con claridad.
Siempre he envidiado la capacidad que tiene la mujer para utilizar todas sus herramientas, incluida la del sexo, para conseguir lo que quiere. Sabe aguantar lo que sea en beneficio de la causa que persigue.
Nosotros en cambio somos mucho más primarios y nos dejamos llevar por nuestros instintos más primitivos, aunque sea para estrellarnos. Supongo, que en eso debe radicar también una parte de nuestro atractivo para ellas. Saben que tienen la partida ganada antes de empezar a jugar.

Por fin, llegamos hasta su coche. Ella, completamente normal y yo bastante mosqueado.
En lugar de decirle buenas noches y marcharme al hotel a relamer mis heridas de macho derrotado, me subí al coche con ella.
Decidí cambiar la estrategia. Al fin y al cabo se trataba de jugar ¿no? Pues juguemos.
Me transformé en el ser más encantador de que fui capaz. Me disculpé por una reacción tan infantil y replantee mi objetivo.
Antes de que acabe la noche me pedirás que te haga el amor o dejo de llamarme como me llamo, pensé.
Le tomé una mano y con al otra le acariciaba el pelo

- De acuerdo Marie, si es lo que quieres, no voy a insistir. Entiendo que solo hace unas horas que me conoces y entiendo tus reticencias para irte a la cama con un extraño, que, al fin y al cabo es lo que soy para ti.
- No es solo eso – me contestó – se perfectamente lo que es esta relación y lo que puede dar de si. Pero por eso mismo te elegí. Se paciente.
- Yo puedo ser paciente, pero no tenemos demasiado tiempo.






Miré fijamente sus ojos y me acerque muy despacio para besarla de nuevo.
Durante un instante parecía que me iba a rechazar, pero se arrepintió y se entregó al beso con pasión.
Ya era muy tarde. La calle donde había aparcado estaba en penumbra y apenas había transeúntes.
Con la libertad de la soledad y a pesar de la incomodidad del coche, hice que se acercase hacia mi asiento y comencé a acariciar su espalda. Me deleitaba en su boca mordiendo muy despacio el labio inferior y notando como disfrutaba. Su saliva se mezclaba con la mía y nuestras lenguas se entregaban a una batalla de exploración mutua.
Una de mis manos se acercó al cierre de su sujetador y se quedó ahí mientras su cuello recibía pequeños mordiscos que le provocaban gemidos de placer perfectamente audibles.
El cierre cedió y la rotundidez de sus pechos quedó liberada. No tarde en buscarlos, acariciarlos, masajearlos y sentir nuevamente sus enhiestos pezones que mis dedos acariciaban y pellizcaban con suavidad.
Sus pechos eran una zona muy sensible y respondían a mis caricias aumentando la frecuencia y la intensidad de sus gemidos. Recordé que en una ocasión conseguí llevar a una mujer al orgasmo únicamente acariciando y lamiendo esa parte de su anatomía.
Hasta ese momento, ella se mostraba pasiva y se dejaba hacer disfrutando, aparentemente, pero sin corresponder a mis caricias con la misma intensidad. A mi no me importaba. En estas lides del amor me preocupa mas dar primero placer a mi pareja que recibirlo yo.
Para entonces, mi “hermano pequeño” había dado señales de vida desde hacía rato y ella lo notó apoyándose descuidadamente, pero sin ningún otro gesto de acercamiento. Yo no dije ni hice nada al respecto salvo esperar.
Una de mis manos, en su animo de segur explorando acarició sus muslos por encima de su falda, subiendo peligrosamente hacia su cadera. Volvió a bajar para iniciar nuevamente el recorrido, pero esta vez por debajo. El contacto de mi mano con la piel de su muslo le hizo dar un respingo e instintivamente intentó que la retirase, pero sin mucha convicción.
Mi mano siguió su avance hasta encontrarse con lo que debía ser una preciosa pieza de lencería que protegía sus partes mas íntimas.
Acaricié sin prisa la cara interna de sus muslos y toda la zona que cubrían sus braguitas. Para entonces ella se había concentrado únicamente en su placer y desde hacía rato no oponía ningún obstáculo a lo que le estaba haciendo sentir.
Abrió un poco las piernas para facilitar mis movimientos y seguí buscando el preciado tesoro.
Introduje los dedos por la comisura de sus braguitas y encontré a Venus en su monte y mis dedos se tornaron húmedos. La llave para abrir la puerta.
Dedos intrusos entraron en su casa. Roce apenas su botón de la felicidad y entonces estalló.
Su cuerpo se tensó como un arco y empezó a tener convulsiones de placer, en un orgasmo que relajó totalmente la expresión de su cara.
Cuando abrió sus ojos, solo transmitían paz.
La besé con ternura y dijo “Hazme el amor”.
Sonreí, me quedé callado unos segundos y le contesté

- Es demasiado pronto, ten paciencia

Volví caminando hasta el hotel. Fue una despedida un tanto fria. Intercambiamos los números de nuestros móviles y le prometí llamarla al dia siguiente.
Una vez en la habitación, hice un repaso de lo ocurrido en las ultimas horas. El encuentro, la cena, la copa y el escarceo posterior.
A veces, lo evidente suele ser la verdad, y en este caso, al menos tal y como lo veía, lo evidente era que una señora de buen ver había querido tener una aventurilla sin complicaciones, pero en el momento de la verdad, se había arrepentido quizás por algún prejuicio, no lo se, pero tuve la sensación de que había estado jugando conmigo.
Yo tenia comprometidos los almuerzos de los próximos días, así que la llamaba al terminar mi trabajo y me recogía en el hotel. Siempre me esperaba en la Brasserie del propio hotel y después de tomar algo salíamos a pasear o a recoger su coche, según lo que hubiésemos decidido hacer esa noche.
Ya conocía casi todos los sitios que visitamos, pero no todos los días se tiene una guía autóctona y en el fondo me daba un poco igual donde fuésemos. Solo quería estar con ella




Me llevó a pasear por la orilla del Sena, a visitar el Sacre Coeur. Caminamos por las calles de Montmartre observando a bohemios de dudoso aspecto y pintores callejeros que iban a la caza de turistas para venderles alguno de sus cuadros o hacerles algún boceto al carboncillo ejecutado en unos minutos, en los que apenas se distinguía algún rasgo que recordase al modelo. Pero…..era Paris.

En esos días le note un cambio de actitud. Tenia momentos de euforia en los que se transformaba en una veinteañera caprichosa y encantadora a la vez y otros en los que sin motivo, se encerraba en si misma, dejaba de hablar y parecía transportarse a otro mundo.
No habíamos vuelto a hablar de lo ocurrido en el coche. Ella se había ido mostrando mas cariñosa a medida que pasaban los días, pero ninguno de los dos dio ningún paso mas allá de besos y caricias.

La ultima tarde, yo me marchaba al día siguiente, me propuso ir al Boulevard Saint Germain. Es la zona de estudiantes y vida nocturna. Visitamos algunos pubs que tenían la peculiaridad de que se fabricaban su propia cerveza. Me invitó a cenar en una Brasserie y tomamos café en el Café de Flore uno de los emblemáticos de Paris por haber sido reducto habitual de Jean Paul Sartre o Albert Camus. Igual que Les Deux Magots que está junto al anterior y donde Sartre y Hemingway organizaban tertulias.

Salimos de allí y nos dirigimos caminando hacia la Isla de la Cite. Celebrábamos la despedida – entonces yo no sabia hasta que punto – y habíamos tomado bastante alcohol, así que no nos vendría mal andar un rato.
Cuando cruzábamos por delante de Notre Dame, miro hacia la monumental basílica, dejó de hablar y pareció sumirse en uno de esos trances en los que se iba a otra realidad. Respeté su silencio y al cabo de unos minutos me dijo




- Llévame al hotel
- ¿Estas segura? – le pregunté
- No hagas preguntas absurdas y llévame al hotel
- De acuerdo

Estábamos relativamente cerca, así que continuamos caminando cogidos de la mano y en silencio. En esos momentos pensé que el que realmente no estaba seguro era yo. Era nuestra ultima oportunidad, pero mi primera fijación de acostarme con ella había cambiado. Obviamente no iba a decir que no a la proposición, pero ya no era un “polvo” mas. Estaba enganchado a esa mujer y quería algo mas que una noche de sexo frío e impersonal.

En el vestíbulo del hotel, el recepcionista nos dirigió una sonrisa entre cortés y de complicidad. Me había visto llegar todas las noches solo.
Ya en la habitación, abrió el balcón y observamos la majestuosidad del Louvre, los escasos coches que circulaban en esos momentos por la Rue de Rivoli.
Habíamos cruzado cuatro palabras desde hacia rato. Nos abrazamos y entramos.

Es difícil describir lo que ocurrió. Nuestros cuerpos se entregaron, mi alma también. Ella parecía ir y venir de su mundo y en algún momento vi caer lágrimas de sus ojos.
Cuando acabamos me dijo

- Gracias por estos días

Fueron las ultimas palabras que escuche salir de su boca.

Estaba amaneciendo, me volví en la cama y vi que ya no estaba. Se oían sirenas a lo lejos. El frío del otoño entraba através del balcón abierto Pensé que Marie se había marchado mientras yo dormía. No le gustaban las despedidas.

No recordaba que el balcón se hubiese quedado así. Me levanté para cerrarlo y las sirenas dejaron de oírse allí mismo.
Me asome y vi un cuerpo de mujer tendido en el asfalto, inmóvil, desnuda, en una postura grotesca consecuencia de la caída.
La reconocí. Todavía podía oler el aroma de su piel. Reconocí su cabello que minutos antes acariciaba con mis manos.

Comencé a temblar y me puse a llorar como un niño.


Continuará

H. Chinaski

16 comentarios:

© Capri dijo...


Hay lecturas que sobra comentar, la piel se eriza en cada palabra, un nudo en la garganta impide tragar la saliva y pides más.

Sublime.

Stanley Kowalski dijo...

Pasaba a agradecerte tu comentario. Mañana vengo con un cigarrillo y un café y me instalo a disfrutar de tu relato, ok?

Un gran abrazo.

Rochitas dijo...

Amigo, mientras leía volvió a trasladarme a la ciudad de mis sueños. Estuve con ud en cada paso que dio, en cada lugar al que acudió. Entendí cada una de sus reacciones. Amé su descripción, casi fílmica. Sufría su despedida con Ud y no sé aún porque descubrí segundos antes su final.
De más está decirle que aquí sigo.
No ceso de preguntarme como se repuso a tamaña tragedia.
Un abrazo

Miriam dijo...

¡Que bueno!

Sigue ¿verdad?

H. Chinaski dijo...

Capri
Agradezco tu comentario
Se ve que lo has leido con cariño
A ver si te sigue gustando la siguiente

Un beso

H. Chinaski dijo...

Stanley

Espero tu crítica maestro

Un fuerte abrazo

© Capri dijo...

Eso espero.

Con el siguiente seré más mala , no te haré tanto la pelota :*)

--------es broma---------


Un beso

H. Chinaski dijo...

Rochitas
Mi querida amiga, no todo lo que se dice en un relato, es real.
Me alegra haberle devuelto recuerdos agradables.
El viaje existió,(han sido varios) pero no hubo ninguna desgracia que lamentar, salvo la de tener que dejar esa maravillosa ciudad.
Muchas gracias por su ofrecimiento.

Un abrazo

H. Chinaski dijo...

Miriam

Gracias y sí, al menos hay una entrega más.

Un beso

Stanley Kowalski dijo...

Voilá Charles! Me encantó! Aplausos y ovaciones!! Tenés un temps perfecto y solidez para escribir maravillosos. Mantenés el ritmo sin que el lector pierda en ningún momento el interés.
El erotismo plasmado con mucha elegancia y un gran nivel.
Sabés que me parece? Un petit filme noir.

La paciencia no es una de mis virtudes, cuánto hay que esperar ahora? Jajajajajajaja!!!!!!
Muero por saber como murió, jejeje.


Un gran abrazo!

H. Chinaski dijo...

Stanley

Solo te pueo decir GRACIAS amigo por palabras tan cariñosas como inmerecidas.
Si consigues convencer a algún productor, ya hablaremos del reparto de los beneficios. Jajajaja

Espero no hacerte esperar demasiado para la tercera y última parte de esta novela negra.

Un fuerte abrazo

Stanley Kowalski dijo...

No hay nada que agradecer. Espero que crezca rápido tu blog, pues la gente como yo, que gusta de la buena lectura, no tiene idea de lo que se está perdiendo.

UN ABRAZO AMIGO Y BUEN FINDE!!

Gara dijo...

Tremendo, conseguiste cautivarme de principio a fin en tu relato y el final hizo q se me erizara la piel y me dejo sin palabras.

Besos y feliz fin de Semana.

Stanley Kowalski dijo...

Muchas gracias Carlos por el comentario que me dejaste, sos muy amable.

UN ABRAZO Y BUEN FINDE!!!

Rochitas dijo...

Entonces un aplauso aún mayor si se ha tratado de ponerle literatura a una experiencia vivida. La coloreó, la iluminó. Le dio riendas sueltas a su imaginación, la cierra con un final trágico. Me pregunto si todo esto se despertó durante o posterior al trip.
Felicitaciones, amigo.
Me sumo al comentario de stanley "la gente, que gusta de la buena lectura, no tiene idea de lo que se está perdiendo".
Lo voy a recomendar a una compañerita de taller, shhh. Se que igual ud trata muy bien a todo el que aquí se acerca.
Abrazo de lunes!

Escribir es seducir dijo...

ATRAPANTE ES LA PRIMERA PALABRA QUE SE ME VIENE A LA MENTE. NO PUEDO PARAR DE LEER COMENCE EN LA HORA DE ALMUERZO EN LA OFICINA Y TERMINE RECIEN QUE LLEGUE A CASA LA SEGUNDA PARTE. LA FORMA QUE RELATAS COMO FUERON LAS CARICIAS COMO DISFRUTARON EL UNO DEL OTRO SIN SIQUIERA HABER CONCRETADO LO QUE EL INSTINTO BUSCO Y EL CORAZON DISFRUTO. EL FINAL DE ESTA ENTREGA ES VERDADERAMENTE MOVILIZADOR QUE HABRA IMPULSADO A AQUELLA MUJER A QUITARSE LA VIDA? QUIZAS LO DESCUBRA EN LA TERCERA PARTE
FELICITACIONES EXCELENTE EH DISFRUTADO MUCHISMO ESTE SEGUNDO RELATO