viernes, 20 de noviembre de 2009

CONVERSACIONES CON UNA GAVIOTA





Richard Bach publicó en 1970 una fábula novelada llamada Juan Salvador Gaviota.
Genial libro, en mi opinión.

Desplegó sus alas, majestuosa y comenzó a volar sobre las olas.

Planeaba como una hoja de papel moviéndose a capricho del viento.

Buscaba en la negrura del mar.

Las olas se elevaban queriendo alcanzarla, pero ella jugaba escapando en el último momento

Con la misma elegancia con la que se izó, se dejó caer para posarse sobre las frías aguas.

La perdí de vista y permaneció largo rato en esa posición.

A mi derecha, una docena de aves de su misma especie aparecían posadas sobre la arena a la orilla del mar.

Se situaron en fila como si de un tribunal se tratase.

Todas mirando hacia el horizonte.

Solo el viento movía de vez en cuando alguna de sus plumas.

Parecían figuras de porcelana.

Volvió a levantar el vuelo, con el gracejo propio del volar de esas aves.

Se posó a poca distancia de donde yo estaba y me habló



- ¿Tu también estas solo?- me dijo-

- Ahora no. Ahora estoy contigo

- ¿Sabes volar?

- Si, pero no como tu

- ¿Te costó mucho aprender?

- No me acuerdo. Se que no fue fácil.

- ¿Donde vas cuando vuelas?

- Depende. Suelo ir donde me lleva el viento. No hay un destino fijo.


Giró su pequeña cabeza hacia mi y me miró con ojos curiosos

- ¿Quién te enseñó?

- Nadie. Tuve que aprender solo.

- A mi tampoco. Sin embargo a mis hermanos les han enseñado a todos. No entiendo por qué a mi no.

- Es posible que piensen que eres diferente.

- ¿Por qué? Soy como ellos.

- Quizás ven en ti algo que les hace pensar que no.

- ¿Quieres volar conmigo?

- Voy a ser un estorbo

- No te preocupes, yo te guiaré




Levantamos el vuelo sin hacer ruido. Cuando nos habíamos elevado unos metros miré hacia abajo. Me vi sentado, en la orilla del mar, mirando al horizonte.

- ¿Dónde vamos? – le pregunté-

- Sígueme, te voy a enseñar algo


Volamos durante unos diez minutos, mar adentro. Yo no tenía miedo, mi nuevo amigo me inspiraba confianza.

Llegamos a un islote, que estaba lleno de aves de todas las especies.

Aves marinas, aves exóticas, aves de tierra firme. Cormoranes, colibrís, pelícanos, guacamayos, tucanes, cuervos, loros y miles más. El ruido de sus cantos era ensordecedor. Todos tenían una característica común, no eran como el resto de su especie

- ¿Qué es esto? – pregunté-

- Es la Isla de las Aves Malditas. Es el lugar al que venimos todas las que no somos aceptadas por nuestros semejantes.


Me invadió la sensación de haber pertenecido siempre a aquella isla.

- ¿Me puedo quedar?

- Es tu casa, por eso te he traído.

- ¿Cómo te llamas?

- Mi nombre es Juan Salvador


A la mañana siguiente, una pareja que paseaba por la playa encontró el cadáver de una extraña gaviota negra, que era acunada por las olas como si la quisiesen despertar.

- ¡Que asco! Un pájaro muerto


Ese fue su único epitafio



H. Chinaski


Fotografías seleccionadas de Google

16 comentarios:

© Capri dijo...


Para mí el mejor epitafio es el recuerdo de aquellos que realmente me quisieron o apreciaron.
La gaviota negra está muerta en la playa, su cuerpo es sólo eso un cuerpo sin vida que servirá de alimento a seres minúsculos, más su alma es libre.
Eso es lo que importa.

Una genial elección Carlos.

Este libro es una oda a la libertad y con ella Bach enseó a volar a quienes sentia miedo de hacerlo.

Un beso

H. Chinaski dijo...

El epitafio, al que ya no está, supongo que le preocupa poco. Más bien pienso que es una forma de dejar un mensaje para los que siguen estando.

Coincido contigo en la visión de la gaviota.... y de Bach

Un beso

© Capri dijo...



A eso me refería, cuando digo que para mí lo que importa es lo que he sembrado en los que realmente quiero.

Me importa ahora, cuando sea como ella, poco me importarán lo que escriban sobre mi, total... no creo que me silven los oídos.



pd/ vengo a poner la eñe, me la comí.

Creo que tengo tantas ganas de volar que me apresuro demasiado, asi me luce el pelo. :(

Perdona.

H. Chinaski dijo...

No era preciso, pero en cualquier caso gracias por el detalle. Y por cierto, no hay nada que perdonar.

Shinta dijo...

Delicado escrito pero..... porque tan triste??

Gara dijo...

Q lindo texto, a veces me siento como esa gaviota, no encuentro mi lugar...

Besos.

H. Chinaski dijo...

Shinta, querida amiga, mis palabras reflejan lo que me inspiró haber estado durante una hora en la orilla del mar en un día gris, plomizo y con la compañía, a mi lado, de un grupo de gaviotas que parecían tan solitarias como yo.
Me recordó al libro de Bach

Besos Shin

H. Chinaski dijo...

Gara

No se se si por suerte o por desgracia, pero eso es algo que nos pasa a muchos.
¡Es tan difícil!

Besos

Stanley Kowalski dijo...

Ya perdí la cuenta las veces que leí ese libro, es maravilloso! Gracias por recordármelo!!

Un gran abrazo y buen finde!!

H. Chinaski dijo...

Gracias a ti por la visita Stanley

Buen fin de semana
Un abrazo

Silencios dijo...

Uno de los libros de cabecera en mi adolescencia.
Una vez quise ser gaviota, para remontar los vuelos en cada etapa de mi vida, gracias por recordarme que aún soy capaz de volar.

Me quedo en tu casita, aunque no veas mi rostro, tengo problemas técnicos .. mil perdones

Y mil gracias por tus amables palabras.

Besitos en vuelo

Violeta dijo...

Gracias por tus mensajes a pesar de mi silencio y gracias por tu compañia en estos momentos en lo que no se por donde ir...un beso enorme mi querido navegante!

H. Chinaski dijo...

Silencios

Yo también lo leí hace muchos años y más de una vez. Lo recuerdo con mucho acriño por lo especialmente motivante y didáctico que era para gente insegura como el que suscribe.

Gracias por tu visita
Un beso

H. Chinaski dijo...

Violeta

En ocasiones los silencios hablan por si solos. Nunca los consideré como tales.

Ya has encontrado tu camino, solo tienes que creerlo.

Un beso

Stanley Kowalski dijo...

Muchas gracias por visitarme, querido amigo!

UN ABRAZO Y QUE TENGAS UNA SEMANA FABULOSA!

Rochitas dijo...

Aquí perdida entre sus comments y el relato que hace tantissimos años leí.
El alma ahora libre que menciona CAPRI, y la enseñanza del vuelo que nos regaló Bach.
¿Una hora estuvo en la orilla del mar con un día gris y plomizo y con la única compañía de un grupo de gaviotas? ¿"Tan solitarias como Ud"?
Volvió seguramente y buscó el libro y nos refrescó su enseñanza.
Me gustó también mucho lo que respondió a Violeta a quien también leo. Conciso y contundente.
Como para no creerle ...