sábado, 13 de marzo de 2010

MADRID Y EL TREN ( Y II )

Había parado de llover, pero no parecía que el sol pudiese imponer su ley atravesando el cúmulo de nubes que formaban el manto del cielo madrileño.
Junto a la Plaza Mayor, se encuentra la calle Cuchilleros. Me dirigí allí para almorzar en Casa Botín.
Es el restaurante más antiguo del mundo. Me fascina el sabor a tasca de ese lugar. Fundado en 1725, a pesar de las reformas sufridas, mantiene el sabor antiguo que le caracteriza.
Bajé al comedor del subsuelo y me acomodaron en una pequeña mesa individual. Después de pedir una ensalada y una ración de cochinillo, especialidad de la casa, observe a la gente que tenía a mi alrededor. Tres mesas estaban ocupadas por aparentes hombres de negocios, sumidos en conversaciones triviales. Otra la ocupaba una pareja mayor que comía en el silencio mas absoluto uno frente al otro. Parecía como si un muro invisible, levantado en el centro de la mesa, les impidiese verse y conversar. Frente a mí, y a la izquierda, una mujer de unos 30 años daba cuenta de un plato de verduras a la plancha, mientras su teléfono móvil no paraba de sonar.
Dada la estrechez del local, y la proximidad de su mesa, era imposible no enterarse de las conversaciones, por eso supe que tenia algo que ver con el sector del arte. Todas las llamadas giraron en torno a una exposición.
En un momento dado, nuestras miradas se cruzaron y ella hizo un gracioso mohín con su cara, a modo de disculpa por las continuas llamadas. Yo, me concentré en saborear la exquisitez del cochinillo, e intente pensar en la reunión mantenida unas horas antes. Empresa difícil, por que dos preciosas piernas que surgían de una falda a medio muslo, de la susodicha, no hacían mas que reclamar mi atención.
Ella, era y se sabía guapa. Irradiaba soltura y seguridad en si misma. Tenía una voz un tanto grave, producto, probablemente de los cigarrillos que consumía sin descanso, una vez terminada la comida.
Pagó la cuenta y se marchó, despertando la admiración y algún comentario sobre su físico, del sector masculino que nos encontrábamos en el comedor.
Vi, con algo de pena, como esas piernas que me habían alegrado la comida, subían las escaleras de acceso a la calle.
Pedí un café y la cuenta. Tenia que hacer algunas gestiones antes de coger el tren de vuelta a mi ciudad.


Muchas veces, las cosas no salen como están previstas, y ese día no salieron. En la última visita que hice, me retrasaron bastante más de lo previsto, pero era importante y no podía marcharme, así que perdí el tren.
Después de consultar los horarios y sopesar la posibilidad de quedarme a pernoctar en Madrid, opte por tomar uno que salía a las 23 horas, lo que implicaba que llegaría a mi destino hacia las 2,30 de la madrugada. Era una faena, pero tenía compromisos adquiridos con anterioridad y no podía aplazarlos.
Pase las dos horas que faltaban, caminando por los alrededores y recorriendo el vestíbulo de la estación de cabo a rabo. Observaba a la gente que deambulaba por allí. Personas que, como yo, esperaban la llegada del su medio de transporte hacia destinos dispares. Dos matrimonios estaban eufóricos por que iniciaban sus vacaciones haciendo un viaje a Paris y enumeraban los lugares que irían a visitar. Me trajeron gratos recuerdos de mis viajes a la ciudad de la luz. Algún vagabundo, que tenia intención de pasar la noche en los bancos del vestíbulo de la estación, fue amablemente invitado a abandonarla por miembros de seguridad. Los sin techo, sin comida, sin derecho a nada, mas que a no molestar. Su Navidad, también seria distinta a la de la mayoría de nosotros.

Cinco minutos antes de las 23 horas, llegó el tren. Busqué mi vagón y me acomodé en el asiento, dispuesto a disfrutar del viaje, a pesar de que al día siguiente acusaría el cansancio.
Puntualmente, reemprendió la marcha.
Se movía con una exasperante lentitud, hasta que fue saliendo de las proximidades de la estación. Cogi el libro que me había llevado. Era el segundo intento para El Péndulo de Foucault de Umberto Eco. La primera vez perdí la paciencia.
El vagón iba casi vacío. A esas horas, los viajeros éramos pocos. A pesar de ir escuchando la música acuática de Haendel en el i-pod, que no es precisamente aburrida, el libro empezaba a cansarme, así que decidí tomar un café.
El vagón cafetería estaba cerca del mío. Solo había dos personas en el. Una era el camarero y la otra era una mujer que estaba de espaldas a mi hablando por el móvil.
Pedí un café solo para despejarme y mientras me lo servían, la mujer, termino de hablar y se volvió. La sorpresa al reconocerla me hizo sonreír. Ella también me reconoció del restaurante y me devolvió la sonrisa

- Hola buenas noches, que coincidencia- le dije
- Buenas noches. Si, que casualidad

Sus piernas seguían siendo igual de espectaculares que durante la comida, y me resultaba difícil no dirigir la vista hacia ellas

- Soy German
- Yo Beatriz

La presentación vino acompañada de dos besos en los que por un instante pude sentir el aroma de su piel mezclado con el perfume que llevaba. Mi estomago empezaba a notarse extraño, y no era de hambre precisamente.
Tomamos dos cafés mientras hablábamos de trabajo. La impresión que saque en el restaurante fue acertada. Estaba acostumbrada a dominar la situación y se notaba en la forma de expresarse. Yo le dejaba hablar, escuchaba y asentía de vez en cuando. Era marchante de pintura y se dirigía a mi ciudad a conocer a un pintor joven que había adquirido renombre, para ver su obra.
Decidimos volver a nuestros asientos y entonces me di cuenta de que estábamos en el mismo vagón. Las dos únicas personas que lo ocupaban, además de nosotros, dormían placidamente.
Le propuse sentarnos juntos para continuar charlando y aceptó.
Cuando llevábamos dos horas de viaje, la conversación había decaído y los síntomas de cansancio hicieron aparición. Por la forma en que me miraba cuando hablábamos deduje que podía gustarle tanto como ella me gustaba a mí, pero ninguno hizo ni dijo nada en ese sentido.
Se quedó dormida, y yo, completamente despejado por el café, volví a retomar la lectura. La observe mientras dormía. Pelo castaño, con ojos azules, un pecho generoso y unas piernas de las que ya he hablado. Un bombón de mujer.
Intenté borrar ese pensamiento de mi cabeza y concentrarme en la lectura. Al poco tiempo, de forma descuidada, apoyo su cabeza en mi hombro para estar más cómoda. Aparentemente, seguía completamente dormida. Su mano, se había apoyado en mi brazo. Me dió la impresión de que los dedos de su mano se movían acariciándome, pero pensé que eran imaginaciones mías.
Gire la cabeza para ver si podía cambiar de postura y ella abrió los ojos. Me miro de una forma extraña y me dijo

- Bésame

Creí que había entendido mal, así que no hice nada. Fue ella entonces la que acerco su cara a la mía, la cogió con la mano y me dio un beso en los labios. Yo no supe que hacer en ese momento, pero la indecisión me duro poco. Respondí a su beso casi con violencia. Nuestras lenguas se buscaron y se encontraron. La abrazaba en una difícil postura pero era mayor el deseo que la incomodidad. Nuestras manos se paseaban por encima de la ropa buscando resquicios para entrar en contacto con la piel. Acaricie sus pechos y estos respondieron enseguida al estimulo provocando un gemido ahogado de su boca.
Decidí que eso no podía quedar así.


- Espera un momento

Me incorpore y vi que los dos vecinos de vagón dormían placidamente

- Sal al pasillo
- ¿Dónde quieres ir?
- Tu sígueme

El aseo estaba desocupado y entramos dentro cerrando con el pestillo
Apenas había espacio para una persona, por lo que pretender hacer el amor allí iba a ser tarea complicada.
Nos abrazamos enseguida. El ruido del tren amortiguaba sus gemidos mientras besaba su cuello a la vez que le sacaba y desabrochaba la blusa. Ella hacia lo mismo conmigo.
Su falda cayo al suelo dejando a la vista un minúsculo tanga, que acelero mis pulsaciones todavía más. Sus pechos, habían quedado liberados de la opresión del sujetador y pasaron a merced de mi boca y mis manos
Le hice volverse y se apoyó en el lavabo con las manos. Mi sexo buscó al suyo que ya estaba completamente húmedo. El movimiento del tren parecía adaptarse a los envites de mis caderas.
Poco tiempo después, se dio la vuelta nuevamente y mis caderas imprimieron un mayor ritmo acorde a la proximidad del orgasmo. Este llegó en medio de un largo beso.

Nos vestimos y después de escuchar, por si hubiese alguien en la puerta, salimos nuevamente al vagón, a ocupar nuestros asientos.

- Uf. Ha sido maravilloso- dije
- Si, no ha estado mal
- Estoy recordando que no he tomado ninguna precaución, ni te he preguntado
- No te preocupes, no me quedare embarazada. ¿Crees que te hubiese dejado terminar?
- Tienes razón. Disculpa. Es que…. la pasión del momento….
- Déjalo ya, no pasa nada.

Llegamos a nuestro destino y yo estaba deseando coger un taxi para ir a casa.
Le propuse intercambiar los números de móvil para llamarnos en otra ocasión, pero no aceptó
Cuando ya me dirigía a las escaleras mecánicas me llamó

- Germán

Me volví pensando que habría cambiado de opinión respecto a volver a vernos

- Estoy recordando que olvide decirte una cosa. Soy seropositiva


Solo recuerdo que todo me empezó a dar vueltas. Mi corazón se aceleró y me desmayé


FIN

19 comentarios:

H. Chinaski dijo...

Esta continuacion es producto de mi imaginacion.
No asi el capitulo anterior, en el que lo descrito fueron hechos reales

H. Chinaski

Mar dijo...

joooo con lo bonito que era no me esperaba este final ufffff que mala leche!!!!

Voy a leer el anterior que voy con retraso, no tengo tiempo ni de mirarme jajaja

Besitossssss

Justine dijo...

Nunca hice el amor el un servicio del tren tal y como lo describes parece muy apetecible. Creo que esa situación nunca se daría, me gusta tener espacio suficente para amar.

Si fuera Germán sentiría terror ante semejante notición.

El aqui te pillo aqui te mato da mucho morbo al sexo pero hay consecuencias terribles.

Es jugar a la ruleta rusa.

Un saludo.


Justine.

Alís dijo...

Qué hija de p...!!!

Creía que por una vez te habías lanzado a escribir una historia erótica, sin más. Pero siempre tienes que darle la vuelta al final. No sé por qué no lo intuí. Me dejé llevar.
Voy a ser buena y no haré posibles lecturas del subconsciente.
Me gustó, me sorprendiste.
Un beso
PD. Pero qué hija de...!!!

Nieves dijo...

Ainsss coraje de final, no?.
Besos.

© Capri dijo...

Querido y admirado amigo.

Primero gracias por seguir la historia del tren, ya sabes que me supo a poco.

Valió la pena esperar, vaya si valió.

Conozco el restaurante y la zona donde trascurre la historia, me ha devuelto a tiempos en que viajaba mucho a Madrid con mi abuelo, al que le gustaba ir a los buenos locales, como Casa Chicote o Botín por no nombrar otros.

La escenita del lavabo es muy sugerente, una de tantos encuentros más de una persona ha escrito como una fantasía o una realidad.

A medida que te iba leyendo y sobre todo cuando se produce la despedida, pensé que Beatriz algun dia le diría que esperaba un hijo de Germán pero... jooooooo eso no, es una putada una puñetera putada que seguro que a más de uno le ha sucedido de verdad.

Una tia con suerte en la vida, triunfadora pero que sus descuidos la han marcado de una manera terrible. Soy cristiana pero no practicante, y lo que mas me repatea es que alguno de esos catolicos apostolicos y romanos dicen que cada uno tiene lo que se merece, que el sida es un castigo divino por la promiscuidad de la raza humana.

No lo comparto en absoluto, lo que si digo es que la tia es una H.P ( y no hablo de una marca de informatica ).

Tremendo final!!!!!!!

Debes de ser muy buen cocinero , das muy bien la vuelta a la tortilla jajaja

Perdona este toque de ironia, ya sabes que me meto mucho en la lectura y jooooooooo.........de nuevo me has hecho vivirla intensamente.


Un besito.

H. Chinaski dijo...

Mar

Tu sabes muy bien que las cosas no son tan bonitas como nos gustaria, la mayoria de las veces

C`est la vie

Besos y gracias

H. Chinaski dijo...

Justine

Yo tampoco, pero ademas estoy seguro de que si lo hubiese intentado, algun viajero hubiese estado aporreando la puerta del aseo y el revisor preparandose para abrirla
jajajaja

Un beso y gracias

H. Chinaski dijo...

Alis

Querida amiga, las historias eróticas tienen que tener algo mas, si no, pueden resultar muy sosas.
Ciertamente era un tanto hija de ...

Besos y gracias

H. Chinaski dijo...

Nieves

Un poquito de mala leche si que se le puso al protagonista, para que te voy a engañar

Besos y gracias

H. Chinaski dijo...

Capri

Querida amiga
Agradezco tus inmerecidos halagos.
Yo no viaje a Madrid en mi infancia, pero al hacerlo de adulto, siempre que he podido me he perdido en alguno de los buenos restaurantes que hay en la Villa y Corte. Y no necesariamente los mas guais ni los mas caros. En Botin he repetido varias veces. Ademas de que se come bien me gusta el ambiente.
La escena del lavabo, ya he comentado que no he tenido ocasion de probarla. Supongo que sera incomoda, pero cuando la necesidad empuja.....
Es obvio que Beatriz ha actuado mal. Probablemente sea su forma de vengarse de los hombres "castigando" a todos los que puede por culpa de otro Hijo de ... que se lo contagio a ella sin avisarle

Cocinero, para los dulces me defiendo. En lo salado has acertado, las tortillas y poco mas. Eso si, me salen muy ricas

Besos y gracias

Stanley Kowalski dijo...

Aunque no lo creas, yo también estuve en ese restaurante! Me trajiste unos recuerdos hermosos de mi estancia en Madrid!
Esta segunda parte es increíble, jamás se me hubiera ocurrido semejante final! Me encantó!!! Mil gracias por estos gratos momentos de lectura.

Abrazos Carlos y buena semana!!!!

Escribir es seducir dijo...

BUENO, BUENO, BUENO QUE TENEMOS ACA!!!!!!!
ANTES QUE NADA QUIERO DECIRLE QUE USTED ES MEJOR QUE CHINASKI VERDADERO JIJIJIJI.
ME ENCANTO LA HISTORIA. EL FINAL UN POCO FUERTE PERO NOS DEBERIA DEJAR PENSANDO A TODOS!!!!!
A VECES LA PASION Y EL DESEO NO NOS PERMITEN PENSAR Y HACEMOS COSAS DE LAS QUE DESPUES NOS ARREPENTIMOS CUANDO YA NO HAY MAS REMEDIO LO HECHO HECHO ESTA.
CREO QUE SU CUENTO MI BUEN AMIGO CHINASKI TRANSMITE MUCHISIMO MAS DE LO QUE USTED PLASMO EN EL PAPEL LA VERDAD LO FELICITO

SALUDOS ARGENTINOS

Mayte dijo...

Nada es lo que parece...mucho menos cuando se deja suelta tu imaginación entre las letras ;)

Bikiños y bonita semana.

Rochitas dijo...

El tramo erótico impecable.
Lo siento amigo, pero leyendo como con pocas palabras ud, capri, silencios y tantos más los construyen cada día, estoy cada vez más lejos de crear el propio.
Envidié la soltura con que esta sujeta manejaba las situaciones y ud supo transmitir muy bien la imagen de una mujer de negocios, conciente de su charme particular y tan pero tan segura de si misma.
Por un momento pensé: sí, ok, no quedará embarazada pero ...
Igual no me gusta el modo en que lo confiesa y el rechazar el futuro contacto hasta negando su teléfono. Evidentemente MANEJABA TODO.
Imagino los 5 años posteriores que podrá pasar Germán chekeando cada 6meses el análisis en cuestión.
Más vale se hubiera quedado leyendo a Umberto Eco ;)

Shinta dijo...

Que lujo, una historia erótica aquí, esto ya se está poniendo calentito y con el frio que hace en la red sienta bien.

El final.... como tantos, bien empleado por no tomar precauciones pero que carallo!! un calentón es un calentón y seguro que no le vuelve a pasar, la mejor prevención, la experiencia.

j'aime tes lèvres dijo...

Lo que no escribiste puede que despierte mi creatividad dormida que tanto te gusta.

Un beso cálido.

LuluZiña dijo...

QUE LE PASA A MI AMIGO CHINASKI QUE NO SE ESTA DANDO UNA VUELTA POR MI BLOG?
ESCRIBI ALGO SOBRE LA INSPIRACION

SALUDOS

rapanuy dijo...

Eso no hubiera pasado en el TGV… ni siendo eyaculador precoz.
Buena historia, y me apunto el garito para cuando pase por Madrid.

Un saludo.