domingo, 6 de septiembre de 2009

SEIS MESES

LA NOTICIA


La sala de espera se me antojó demasiado fría, para el tipo de clientes que recibían.
Caras de intranquilidad, de impaciencia y alguna sonrisa forzada
Había dos parejas que susurraban de forma que, a pesar de lo reducido de la habitación, era imposible entender lo que decían, una mujer de unos 40 años, muy bella, acompañada de una chica más joven y un matrimonio mayor.
Siempre piensas que estas cosas les ocurren a los demás y que a ti no te va a pasar nunca. Ves como gente que tenías en tu entorno ya no está. En la familia, en el trabajo, algún amigo, -pero estas cosas no van conmigo-, incluso, me permitía trivializar alguna vez con el tema.
Pero esta vez iba en serio.
Yo era el siguiente en pasar a la consulta. La enfermera abrió la puerta con determinación y pronunció mi nombre.

Me levanté despacio. Tenía un nudo en la garganta y estaba nervioso.
La consulta era tan fría como la sala de visitas. Como parecía serlo la persona que se encontraba sentada detrás de la mesa.
Ataviado con una inmaculada bata blanca. Gesto hierático y sin un ápice de amabilidad.
Me cayó mal desde el principio.

Tras un breve saludo de cortesía, me invitó a tomar asiento. Tomó una carpeta que parecía contener algunos informes y me hizo el siguiente comentario

- Lamentablemente, tengo malas noticias para usted.

Hizo una breve exposición de los resultados de las pruebas con unos términos que no auguraban nada bueno, pero que no fui capaz de entender. Le rogué que me lo explicase de una forma más sencilla.
Su contestación, manteniendo la misma frialdad fue aproximadamente esta:

- La endoscopia ha confirmado la presencia de un tumor alojado en el mediastino, en la zona pulmonar, junto al esternón.

Mi angustia aumentó hasta niveles difícilmente soportables, mientras él continuaba con su disertación

- Por desgracia, además, las pruebas también han determinado que el carcinoma es maligno, muy agresivo y con la localización que tiene es inoperable. Debemos iniciar cuanto antes el tratamiento de radioterapia y quimioterapia, para frenar el avance del tumor.

Me quedé callado unos segundos, sin saber qué decir.

- Pero, ¿seguro que no se puede operar? – pregunté
- En mi opinión, la cirugía no es aplicable, en este caso. Naturalmente, puede usted pedir una segunda opinión.
- Y según su opinión, ¿Cuánto me queda de vida?
- Hombre…, es muy difícil de precisar, pero por casos similares y ateniéndonos a la estadística… dos años, dos años y medio, tres a lo sumo, si iniciamos inmediatamente el tratamiento.
- ¿y sin tratamiento?
- Sin tratamiento, no más de seis meses.

Abandoné la consulta como un autómata y me dirigí al aparcamiento.
En la semi penumbra del parking, sentado en el coche, asimilé realmente lo que me acababa de decir el oncólogo y me derrumbé.
Empecé a llorar como no lo había hecho desde niño. Era incapaz de parar mientras hablaba solo, a al vez que golpeaba el volante de rabia.

- Un cáncer, un puto cáncer que no se puede operar y me ha tenido que tocar a mi.

Permanecí en ese estado durante una hora, hasta que poco a poco me fui relajando.

¡Que absurda es la vida!

Decidí que, al menos por el momento, no iba a compartir con nadie la noticia. Ya veríamos más adelante.
Por supuesto, iba a pedir esa segunda opinión, aunque no tenía muchas esperanzas.

Arranqué el coche y me dirigí a casa. Con un poco de suerte, no harían demasiadas preguntas al ver mi aspecto. Estaban acostumbrados a mis rarezas.
Mi mujer, detectaba con facilidad cuando me pasaba algo. Yo nunca he sido buen actor, y para mi desgracia, mi cara era siempre un reflejo de mi estado de ánimo.
Intenté disimular, pero me vi sometido a un “interrogatorio”, que acabó en discusión ya que yo negaba insistentemente que me ocurriese nada, salvo que había tenido un mal día en el trabajo.

Por enésima vez he mirado la hora. El tiempo pasa muy despacio y ya no soporto estar en la cama sin poder dormir. Mi cabeza no para de darle vueltas a lo ocurrido, y en ese proceso, yo mismo me hago preguntas y me las respondo.
Me levanto, voy al estudio y me acerco a la ventana. Miro el paquete de cigarrillos, enciendo uno y pienso - Qué fácil sería decir que tú eres el culpable- . No cambiaría nada, pero canalizaría ese odio visceral que ahora siento, hacia algo tangible.
Pero se que me estaría engañando. Si existe algún culpable, soy yo mismo y, probablemente, no hay culpable. Las cosas son así, solo tienes que aceptarlo. ¿Pero como se acepta la muerte?. No lo se, supongo que no se acepta como tal. Es un hecho contra el que nada se puede hacer. Viene y ya está. Da igual que lo entiendas o no, el final es el mismo.


Me quedé mirando por la ventana, mientras amanecía. El silencio me acompañaba. Ese día los tonos de luz parecían diferentes. Encontré matices en los que nunca había reparado.

Pensé en mi familia, en mi mujer a la que amaba con locura, a pesar de los años transcurridos, las discusiones y los problemas, que ella siempre encontró la forma de resolver.

Pensé en mis hijos, a los que amaba más que a mi vida, en lo que sería para ellos perder a su padre y en lo que sería para mi no volver a verlos.

Pensé en mi hermana, que aunque las circunstancias de la vida nos había separado los dos sabíamos que estábamos ahí.

Pensé en mi madre, que aún vivía y a la que nunca fui capaz de comprender a pesar de lo que la quería. Jamás sabría el daño que me había hecho a lo largo de mi vida.

Pensé en mi padre, a quien solo comprendí después de su muerte y por el que sentía un cariño que no fui capaz de valorar hasta entonces.

Y pensé en la enfermedad que lo mató que fue la misma que me iba a matar a mi también.

Decidí que no haría pasar a los que me querían, por el mismo sufrimiento que yo pasé con él.

Notaba un sabor salado en la boca. Ni si quiera me había dado cuenta de que unas silenciosas lágrimas se habían deslizado por mi cara. Lloré en silencio y con dolor.
Había amanecido completamente. Apagué el enésimo cigarrillo y me fui a dar una ducha……..

Continuará

H. Chinaski

4 comentarios:

Stanley Kowalski dijo...

Ay! Porqué no habré espiado el final (aunque sea para ver cuantos comentarios tenías) y hubiese visto el cartel de: Continuará. Lo hubiese leído igual, pero me hubiera ahorrado este disgusto, jajajajaja!!!

Escribís magníficamente bien, sos un gran creador de climas. En momentos de la lectura, es como que me trasladé a ese consultorio tan impersonal y presencié el momento desgarrador en que le dan la noticia. Un relato estremecedor, me gustó mucho. Ahora a calmar la ansiedad y esperar la continuación.

Muchas gracias por la visita, sos muy cordial.

Un abrazo y buena semana para vos también!

H. Chinaski dijo...

Amigo Stanley
Me haces sonrojar con tantos halagos.
Agradezco mucho tu comentario, sobre todo por lo inmerecido.
Ya me gustaría saber escribir como dices. Por ahora me conformo con liberar fantasmas de mi cuerpo y, si además agrada a gente de buen corazón como tú, satisfación doble.

A bientôt
Un abrazo

© Capri dijo...

En mi vida hay alguien que se está recuperando de un cancer, alguien que es muy importante para mi-
Me dejaste con la intriga ..
y me has emocionado porque me has puesto en la piel de esa persona, en intentar escudriñar lo que pasó x su mente en aquel momento, aquel momento que cambió su vida pero te digo que si era buena gente ahora lo es mucho mas.

Un beso cielo

H. Chinaski dijo...

Querida Capri
La vida es un concepto difícil de entender, al menos para mi.
El protagonista del relato, valora realmente lo que tiene, a partir del momento en que sabe que lo va a perder.
Veremos como es su evolución

Muchos besos para ti y para tu ser querido