Todavía faltan unos días, pero ya está casi encima.
La noche vieja, el paradigma de la diversión.
El texto que viene a continuación me lo envió un amigo el año pasado, por lo que desconozco su procedencia.
Espero que os guste
¡Dentro de nada... Nochevieja, ¿eh? ¡Qué estrés! Yo en Nochevieja me siento... me siento... no sé, me siento como un toro, ¿no? Cuando llega la fiesta miro alrededor y me da la sensación de que todo el mundo se lo está pasando bien, menos yo.
El estrés comienza con la cena. Aquello parece una prueba del Gran Prix: tienes que llevar calzoncillos rojos, tener algo de oro para meterlo en la copa, preparar las doce uvas... Y contarlas varias veces, porque, como son todas iguales, te equivocas: Una, dos, tres, cuatro...una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Esta pocha. ya la he contado... Una, dos... siete, ocho... ¡Joder, las doce menos veinte! ¡Chavalín, trae el Rotring, que las voy a numerar, como en el Bingo! Y Adela:
-¿Queréis venir, que se enfrían las gambas? Que esa es otra: te tienes que comer todo lo que está en la mesa... ¡antes de las doce!; que, con las prisas, más que pelar gambas, parece que estás desactivando una bomba. ¡Coño, las doce menos diez!
Y no eres el único que está agobiado, ¿eh? No hay más que ver la tele. Allí están Anne Igartiguru y Ramón García, explicando a toda España como funciona un reloj. Acojonados por si se equivocan: Cuando la aguja pequeña esté en las doce y la grande también...serán las doce. ¡Coño, como todas las noches! Y entonces bajará la bola y... lcla, cla, cla... Din
-¡GLUP! -don... -¡Ah no, que son los cuartos! Din-don... -¡Escupid que son los cuartos! Din-don... -Pfbbbbbbbb... -¿qué son qué?
Din-don... -Los cuartos... Ton... -¡Ahora,ahora!
Ton... -¡Una! -¡Que no, que vamos por la segunda! Ton...
-Pues me meto dos... Ton... -Seis... -¿Cómo que seis? Ton...
-A mí ya no me caben más, ¿eh? Ton... -¡Eh!, ¡deja mis uvas, cabrón!
Ton... -¡Es que se me ha caído una al suelo! Ton... -Bgrfds...
Ton... -Bggggdffffff... Ton... -A mí ya no me quedan... Ton...
-¡Pues a mí me sobran cuatro!
Ton... -mamá el abuelo está morado.... Y cuando acaban, toda la familia con la boca llena de babas, adarse besos: -Fffffelifsz año, eeeeeeeeeh, felifzcidadef, grfdddfd... Y suena el teléfono: ¡riiiiiiiiiing! -¡Pero coño! ¿Ya están llamando? ¿No se pueden esperar? -Pues a mí todavía me sobran dos... -¡Champán, que alguien venga el Champán! Pero, bueno, vamos a ver ¿a vosotros os parece lógico empezar el año así? ¡Qué estrés, de verdad!
Pero como es Nochevieja... tienes la obligación de divertirte. Así que después te vas a un fiestorro a un sitio en que, si caben mil personas, el dueño ha decidido meter a cinco mil doscientas. ¡Y si no te gusta te quedas en la calle, con la pelona que está cayendo! Porque en Nochevieja siempre hace un frío que pela.. Así que entras. Lo bueno que tiene ir a un sitio así es que te puede pasar cualquier cosa. A mí el año pasado me ocurrió de todo. Yo estaba tan tranquilo, tomándome mi cubatita de garrafón, cuando de repente un tío me cogió por detrás y me dijo:
-¡¡¡¡COOOOOOOOONGAAAAA!!!!! Y, claro, que vas a hacer, pues te pones a bailar... ¡Eso te lo hace un tío en el autobús y le partes la cara! ¡Pero como es Nochevieja... ! ¡Pues hala! Y de repente te das la vuelta y llevas cien personas enganchadas a tu culo. ¡A ver como escapas de ésta! Porque una conga es como una secta: entrar es muy fácil pero salir es muy jodido.
Porque en el garito hay como doce congas girando a toda pastilla... Bueno, pues iba yo conduciendo mi conga... por mi derecha, cuando, de pronto, me veo venir en dirección contraria una conga suicida acojonante conducida por un gordo con casco de vikingo. Yo le iba a hacer ráfagas, pero como las congas no llevan ni luces ni nada... pues, para evitar la colisión, di un giro brusco a la derecha... ¡Y me tragué entera una columna de >espejitos! ¡Siniestro total! Doce heridos leves y una columna de espejitos destrozada. Y yo, con una ceja abierta tirado en el suelo pensaba: "Joder, como me hagan soplar ahora, la hemos >cagao". Y en ésas, me desmayé. Al despertar estaba en la sala de urgencias, rodeado por todos los de mi conga. Algunos todavía no se habían desenganchado; habían venido corriendo detrás de la ambulancia. Bueno, las urgencias en Nochevieja, hay que vivirlas. Si en la sala caben cincuenta personas, el dueño ha metido a ciento cincuenta... Como el de la discoteca. Y como allí también es Nochevieja, el camillero lleva un gorrito de moro, la enfermera un collar de hawaiana y el que te cose la ceja unos dientes de Drácula, ¡que te da una confianza... ! El tío te dice: -¿Qué ha sido? ¿Con una moto? -No, con una conga. -¡Ay!, si es que van como locos con las congas... Cuando salí de allí me quería ir a mi casa, pero como era Nochevieja, acabé a las ocho de la mañana con la ceja grapada en un bareto... -Oiga, póngame un chocolate con churros a ese módico precio de 4 Euros de na. -Pues sólo nos queda Nesquick y algunos dónuses... Es que los >últimos churros se los han tomado los de una conga, ¡traían un cachondeo...! Había un gordo que llevaba un casco de vikingo... ¡No le digo más! Y es lo que yo le digo a los clientes: si no disfrutas en Nochevieja, ¿cuándo vas a disfrutar?
Y no es que yo tenga una devoción especial hacia el santo, es que gracias a él hay un colegio que lleva su nombre en Madrid y de donde salen los niños que, cada año, en el mes de diciembre, cantan los números del Sorteo Extraordinario de Lotería de Navidad. Y gracias a él, cada año tenemos el Día de la Salud coincidiendo con el día del sorteo. Los que juegan con auténtica devoción, a la pregunta de ¿te ha tocado? la inevitable respuesta, suele ser.... "Nada, pero chico, salud que haya" Y gracias a él, un décimo de loteria de una administración de mi querida ciudad, está recorriendo medio mundo, en unos días, teletransportándose de un sitio a otro, cual si de una nave espacial se tratase.
Y gracias a él dos buenos amigos, de sitios tan dispares y a la vez tan cercanos, como Coruña y Buenos Aires, han tenido la suerte , primero de ser tocados con la mano del Santo, ya que les han premiado con una fracción, totalmente imposible de determinar, del décimo de lotería mencionado, y segundo, el donaire, la gallardía y compostura de considerar a este vuestro humilde escribano, merecedor de otra fracción, también imposible de determinar, pero más pequeña, de tan preciado décimo que, estimo yo que, más que décimo debe ser milmillonésimo, a la velocidad que va esto. Ambos benefactores, Capri y Stanley Kowalski, tienen un corazón que no les cabe dentro y por eso lo tienen que repartir a trocitos
Dicho esto, ¿que importancia tiene el posible porrón de millones de € a repartir entre los agraciados, si toca? Pues eso, ninguna ¿Y para que sirve esto entonces? Pues para lo mismo que el resto de los premios que se conceden por este medio. Para demostrar cariño, afecto y buen corazón, que es lo que en realidad se está repartiendo, y además en este caso, un trocito de Navidad, independientemente de las creencias de cada uno
Por todo lo dicho y lo que acontece, y siguiendo las instrucciones que me han sido dadas redistribuyo este pedazo de premio, que lo es aunque no toque, a las siguientes personas:
Una noche tuve un sueño y me quisiste hablar Naciste del esperma que cayó al mar, cuando Cronos mutiló a Urano. El esperma fecundó las olas, y de ellas saliste Tu. Diosa. Tan blanca y tan perfecta como la espuma que te mecía Al salir del mar y pisar la tierra comenzaron a brotar hierbas y flores Las cuatro hermosas Horas , hijas de Zeus y Temis te esperaban, junto con las tres Cárites, para embellecerte y engalanar tu desnudez . Tu séquito, Eros, Hímero e Himen te acompañó hasta el Olimpo, donde un trono te aguardaba. Los dioses enmudecieron y quedaron prendados de tu belleza. Tanto, que todos te propusieron matrimonio Rechazaste a todos con altivez, y Zeus, el poderoso Zeus, uno de los desairados, te castigó decretando tu matrimonio con el deforme Hefestos, dios de la fragua. Repudiaste a tu esposo Fuiste adúltera con Ares, su hermano y tuviste dos hijos semejantes a su padre Dimo, el Terror y Fobo el Temor Hefestos os sorprendió y quedasteis aprisionados bajo una red de oro Convocó a todos los dioses y diosas, para que fueran testigos de su deshonra.. Solo los dioses acudieron Hermes y Poseidón se ofrecieron a ti y tu marchaste del Olimpo, avergonzada, a renovar tu virginidad en el mar Agradecida, yaciste con Hermes y nació Hermafrodita. Yaciste con Poseidón y nacieron Rodis y Herófilo Yaciste con Apolo y engendraste a Príapo Yaciste con mortales, insatisfecha con los dioses y engendraste a Eneas Sensual, voluptuosa e inalcanzable. Afrodita, seguirás formando parte de mis sueños
La policía se presentó a los pocos minutos en el hotele impidió la entrada o salida de clientes.
No tardaron mucho tiempo en deducir la zona y la altura desde la que había caído el cuerpo, y a los pocos minutos unos golpes enla puerta de la habitación me anunciaron su presencia.
Eran las siete de la mañana y todavía no se había producido la actividad habitual de gente de negocios y turistas que iniciaban su jornada.
Poco a poco fui tomando conciencia de lo ocurrido, ahora empezaba a comprender los aparentes lapsus que hacían que Marie pareciese sumida en un trance esa noche.
Me puse un albornoz y recogí su ropa del suelo de la habitación. Entonces, vi su bolso. Lo había dejado encima del pequeño escritorio que había junto al mini-bar. No pude evitar la tentación de mirar su contenido. Era un bolso pequeño y no estaba muy lleno. Llevaba una cartera, un pintalabios, una sombra de ojos, su móvil, las llaves del coche y otro juego de llaves que supuse serían de su casa, una cajetilla de Marlboro, un encendedor, una pluma Monte Grappa y un sobre cerrado.
Tuve el tiempo justo para abrir la cartera, localizar su permiso de conducir y ver que su nombre era Marie Tessier y que vivía en el 98 del Boulevard Haussmann, antes de escuchar los golpes en la puerta de la habitación.
Un inspector de la Gendarmerie, acompañado por dos agentes y un miembro del hotel, me pidió permiso cortésmente para hacerme unas preguntas y entrar en la habitación.Como es lógico acepté.
Todavía afectado por el shock que me provocó lo ocurrido le relaté minuciosamente lo acontecido desde mi primera cita con Marie hasta lo ocurrido esa noche. A medida que iba hablando, el inspector asentía y tomaba notas. Al principio, no me percaté de su cara de escepticismo cuando le narré las últimas horas, después me di cuenta de que me había convertido en el principal sospechoso de la muerte de Marie.
La investigación se desarrolló con rapidez. La autopsia del cuerpo, reveló su muerte como consecuencia de la caída. No encontraron signos de violencia en su cuerpo.
Al principio,el inspector me rogó amablemente que no abandonase la ciudad. Y si cambiaba de hotel que lo notificase en la Gendarmerie.
Me llamaron una vez más a declarar, para comprobar si mis palabras coincidían con la primera declaracióny me dejaron tranquilo. El inspector a cargo de la investigación, el mismo que me interrogó en el hotel, me comunicó la aparición de una carta manuscrita en la que anunciaba su intención de quitarse la vida y exculpaba a cualquier persona del acto. También influyó de forma definitivala declaración de un vigilante del museo que, situado casualmente en una de las dependencias cuyas ventanas estaban enfrentadas a la misma altura que la habitación del hotel, vio como se abría la puerta y Marie salir al balcón. Sola, desnuda, seapoyó en la barandilla metálica y se quedó mirando la calle durante unos minutos, ajena al frío de la madrugada. El vigilante, pensó que le habían alegrado el turno de trabajo con tan fabulosas vistas, pero no tuvo tiempo de reaccionar cuando la mujer del balcón, pasó una de sus piernas por encima de la barandilla, e intuyó lo que iba a hacer. Se tiró al vacío y la vio caer hasta el asfalto.
Él fue quien llamó a emergencias y a la gendarmerie
Me cambié de habitación prácticamente con lo que llevaba puesto, ya que todo el contenido de la anterior eran posibles pruebas.
Poco a poco me fueron entregando mis cosas.
Empecé a pensar en como explicar lo ocurrido. Tenía la esperanza de que se resolviese pronto.
La atmósfera se estaba haciendo irrespirable, así que me puse unos vaqueros, un suéter y me lancé a respirar aire fresco por las calles de la ciudad, para intentar aclarar las ideas.
Comencé a caminar por la Rue Saint Honoré hasta la Place Vendôme y miré sin mucho interés los escaparates de las mejores joyerías de la ciudad a la vez que pensaba en como iba a dar la noticia. Tenía que avisar a la empresa y a mi casa ya que no iba a poder volver en el plazo previsto. Decidí que lo mejor, de momento, sería inventar una excusa para ganar tiempo y esperar a que se resolviese todo cuanto antes.
Seguí caminando por los lugares que había recorrido con Marie, días atrás. Llegué a la Place de la Madeleine, donde ella me encontró. Aquél día aparecía engalanada al celebrarse el mercado de las flores. Era un espectáculo multicolor que en otras circunstancias me hubiese alegrado la vista y el corazón, pero no fue así.
Recordé que estaba relativamente cerca del Boulevard Haussmann. Sentí curiosidad por saber donde vivía Marie, así que me dirigí en esa dirección. Llegué a una zona ajardinada con un edificio neoclásico que correspondía a la Capilla Expiatoria. Edificio conmemorativo quemandó construir Luis XVIII en el lugar donde se exhumaron los cadáveres de Maria Antonieta y Luis XVI.
Próximo a la capilla se encontraba el nº 98. La casa donde vivía Maríe. Era un edificio típico parisino. Me situé junto a los árboles a observarlo y permanecí allí durante un tiempo que no puedo precisar, observando el portal. Mi confusa mente, imaginó que la vería salir, bella, con la elegancia que le caracterizaba, caminando decidida hacia nuestro encuentro.
Me dolía el alma al recordarla.
Desde el principio era evidente que algo no iba bien, pero no quería perderla
El cielo empezó a oscurecerse y en unos instantes comenzó a diluviar. Me refugié como pude en un bar y pedí un café para entrar en calor. En un instante me había calado hasta los huesos. Era habitual en París este tipo de lluvia inesperada, pero yo no me acostumbraba a ella. La gente que estaba a mi alrededor continuaba con sus rutina habitual como antes del diluvio. Cesó con la misma rapidez con que había empezado yaproveché para salir nuevamente a la calle.
Bajé por el boulevard hasta la Plaza de la Ópera, siempre me impresionó este magnífico edificio. En esta ocasión no pude compaginar el viaje con alguna representación a las que era tan aficionado. Desde allí me dirigí hacia el Olympia, al Boulevard des Capucines. No tenía ninguna intención de ver el espectáculo, además estaba cerrado por reformas, pero junto al teatro, había una brasserie donde se podían comer los mejores perritos calientes de París. Y mi organismo, después de doce horas sin probar bocado, pedía una compensación. Me lo comí mientras iba caminando en dirección al hotel, nuevamente.
En la recepción del hotel, nada indicaba que horas antes se hubiese producido un suicidio a escasos metros. Camino demi habitación, noté como las miradas del personal del hotel se dirigían inevitablemente hacia mi. Cuchicheos en voz baja, a la vez que me seguían con la vista. Me encerré, me quité la ropa mojada, mientras se llenabala bañera de agua, cogí el I Touch, seleccioné las Suites para Cello de Bach interpretadas por Yo-Yo Ma y me di lo que quiso ser un relajante baño. Cuando llevaba cinco minutos sumergido en el agua, llamaron a la puerta. Malhumorado, salí a abrir.
El amable inspector, quería hacerme unas preguntas de rutina. Lamentó profundamente haberme molestado, pero era necesario para cumplimentar la investigación. Mi sorpresa llegó cuando me preguntó a que había ido al domicilio de la fallecida. Comprendí entonces que me habían seguido durantemi paseo.
Le respondí que, simplemente, tenía curiosidad por saber donde vivía. Después de unas preguntas más se marchó dejándome completamente pensativo. Si me habían puesto vigilancia es que me consideraban sospechoso.
Llamé a casa para decir que las cosas se habían complicado y no iba poder volver al día siguiente, como tenía previsto. No hizo mucha gracia, pero coló como excusa. Después llamé al trabajo para decir exactamente lo mismo. Ahí tuve menos problemas. Por el momento había ganado unos días.
Un poco más animado, decidí bajar a la brasserie del hotel a cenar. Esta tiene una disposición de mesas para cuatro personas y de bancos corridos, donde puedes estar comiendo junto a alguien a quien no conoces de nada. Me senté en uno de esos bancos y miré la carta para elegir. No tenía mucha hambre, asi que me conformé con una Sopa de Trufas Negras y una Escalopa de Foie Gras. Mientras esperaba a que me trajesen el vino y la comida, reparé que mi vecino de banco, por suerte con unos huecos vacíos en medio, se había bebido media cosecha deBeaujolais del año anterior y estaba amargando la cena a una pareja que le seguían la corriente para evitar males mayores. La pareja en cuestión terminó su cena a la velocidad de la luz y salió rápidamente del restaurante. Yo estaba saboreando la exquisita sopa, cuando mi vecino se percató de que no estaba solo y la emprendió conmigo. Me contó su vida, sus problemas de pareja, que tenía un hijo y por ser judío no le dejaban verlo. Yo aguanté estoicamente diciéndole que no era francés y que no entendía nada de lo que me estaba contando. La sopa merecía una dosis de paciencia, pero esta se acabó. Me levanté de la mesa y me dirigí al estirado maître que parecía ciego, sordo y mudo, puesto que no se había percatado de la presencia del beodo. Después de lanzarle un montón de improperios, tanto en francés como en castellano, le di mi número de habitación y me marché.
Pude terminar la cena en la habitación, acompañado de un botella de champagne, gentileza de la casa por las molestias ocasionadas.
Esa noche dormí como un niño
Al día siguiente, ocurrieron dos cosas destacables.La primera fue que, la eficiente policía gala, preguntó por mi persona a la no menos eficiente policía española. Por lo que fue cuestión de unas horas que se presentasen en mi casa y estuviesen hablando con mi mujer. Obviamente, al principio, mi mujer intentó sacar de su error a los policías, diciéndoles que seguro que se equivocaban de persona. No tardaron mucho en convencerla de que no era así, ni ella en llamarme. No había ninguna acusación contra mi, pero no podía abandonar la ciudad.
Escuchó sin pronunciar palabra, mi relato de los hechos,mi arrepentimiento y me colgó el teléfono.
El segundo hecho destacable fue que el inspector que llevaba el caso, me llamó para comunicarme una agradable noticia, pero prefería que fuese en persona.
Quedamos en el Café de la Paix en la Plaza de la Opera. Él ya estaba cuando yo llegué. Pedimos dos cafés y empezó a contarme la noticia. Habían detenido a un indivíduo que estaba haciendo chantaje a Marie.
Maríe había sido, años atrás, prostituta de lujo. Tuvo la suerte de conocer a un buen hombre, que además de llevarle bastantes años, no tenía problemas económicos y después de un tiempo le propuso casarse con ella. El marido de Marie no conocía su pasado y ella quiso decírselo al principio de su relación, pero comprendió que no lo aceptaría.
Decidió arriesgarse. Había desarrollado su trabajo en Lyon y era muy improbable que alguien la pudiese relacionar con aquello en París.
Se casaron y se fueron a vivir al piso de él, en el Boulevard Haussmann. Sus sueños se habían cumplido. Estaba enamorada de su marido y su vida transcurría con normalidad. Era feliz.
Tuvo la mala suerte de que a su marido le diese un infarto. Salió a duras penas, pero con el corazón bastante afectado.
Una tarde mientras estaba en el hospital, Marié vio una cara familiar. No pudo identificarla, pero le resultó familiar. El hombre también la miró,y la reconoció al momento. Ella supo lo que ocurría cuando el hombre le dirigió una sonrisa. La peor de las situaciones que podían ocurrir había ocurrido.
Era un médico del hospital y entonces recordó. La convención de medicina en Lyon, la llamada para contratar sus servicios, la orgía que siguió en el hotel. Lo recordó todo de golpe.
El resto es fácil de imaginar. Tuvo acceso a sus datos en el hospital, Empezó a llamarla queriendo tener una cita con ella. Ella intentó explicarle que aquello era agua pasada. Que lo había dejado hacía muchos años y que estaba casada.
El médicole amenazó con contarle todo a su marido y empezó el acoso.
Aceptó que se viesen una vez con la intención de convencerlo para que dejase de acosarla.
Después de haber hecho el amor con ella, le dijo que la siguiente vez no sería tan suave. La llamó a su casa para demostrarle que iba en serio y ella volvió a acceder.
Entró en una depresión de la que no veía forma de salir y en uno de esosaltibajos me vio y comenzó todo.
Recordé como en nuestro segundo encuentro vino a la cita muy sonriente. Se había arreglado más y había un brillo especial en sus ojos.
Decidí aprovechar la situación y la convencí para que me contase lo que le ocurría.
A medida que me lo iba diciendo, vi claramente lo que quería hacer.
En ocasiones, mientras hablaba lloraba deangustia, pensando que no tenía salida.
Yo le hice ver que tenía una.
La más digna.
Si su marido se enteraba de su historia no lo resistiría. Su corazón apenas lo mantenía vivo.
Al médico sería muy difícil conseguir acusarle de nada… por que ella había consentido esas citas
-Solo tienes una posibilidad Maríe. La más digna para ti y para que no mates atu marido
Los sucesivos encuentros fueron para ir demoliendo las pocas defensas que le quedaban. Me sentía pletórico de poder. La dominaba a mi antojo sin que ella se diese cuenta. Le hice ver que no tenía que temer nada, quea partir de entonces podría liberarse de esa angustiosa tenaza que le oprimía.
Encontraría la paz tan deseada
Le sugerí que escribiese la carta y que la llevase siempre encima. El único error de cálculo fue que se anticipase. Yo no tenía que haber estado en el escenario.
La próxima vez tengo que ser más cuidadoso
El inspector me comunicóque cuando quisiese podía volver a España.
Al médico lo iban a acusar de inducción al suicidio. Le podían condenar a ocho años de prisión.
Mientras estaba en Orly esperando a embarcar en el vuelo pensaba en lo que le iba a contar a mi mujer.
Estoy seguro de que la convenceré. Yalo he hecho otras veces
Este dolor de cabeza me va a matar. Tendré que adelantar la fecha para la visita al psiquiatra
Richard Bach publicó en 1970 una fábula novelada llamada Juan Salvador Gaviota.
Genial libro, en mi opinión.
Desplegó sus alas, majestuosa y comenzó a volar sobre las olas.
Planeaba como una hoja de papel moviéndose a capricho del viento.
Buscaba en la negrura del mar.
Las olas se elevaban queriendo alcanzarla, pero ella jugaba escapando en el último momento
Con la misma elegancia con la que se izó, se dejó caer para posarse sobre las frías aguas.
La perdí de vista y permaneció largo rato en esa posición.
A mi derecha, una docena de aves de su misma especie aparecían posadas sobre la arena a la orilla del mar.
Se situaron en fila como si de un tribunal se tratase.
Todas mirando hacia el horizonte.
Solo el viento movía de vez en cuando alguna de sus plumas.
Parecían figuras de porcelana.
Volvió a levantar el vuelo,con el gracejo propio del volar de esasaves.
Se posó a poca distancia de donde yo estaba y me habló
-¿Tu también estas solo?- me dijo-
-Ahora no. Ahora estoy contigo
-¿Sabes volar?
-Si, pero no como tu
-¿Te costó mucho aprender?
-No me acuerdo. Se que no fue fácil.
-¿Donde vas cuando vuelas?
-Depende. Suelo ir donde me lleva el viento. No hay un destino fijo.
Giró su pequeña cabeza hacia mi y me miró con ojos curiosos
-¿Quién te enseñó?
-Nadie. Tuve que aprender solo.
-A mi tampoco. Sin embargo amis hermanos les han enseñado a todos. No entiendo por qué a mi no.
-Es posible que piensen que eres diferente.
-¿Por qué? Soy como ellos.
-Quizás ven en ti algo que les hace pensar que no.
-¿Quieres volar conmigo?
-Voy a ser un estorbo
-No te preocupes, yo te guiaré
Levantamos el vuelo sin hacer ruido. Cuando nos habíamos elevado unos metros miré hacia abajo. Me vi sentado, en la orilla del mar, mirando al horizonte.
-¿Dónde vamos? – le pregunté-
-Sígueme, te voy a enseñar algo
Volamos durante unos diez minutos, mar adentro. Yo no tenía miedo, mi nuevo amigo me inspiraba confianza.
Llegamos a un islote, que estaba lleno de aves de todas las especies.
Aves marinas, aves exóticas, aves de tierra firme. Cormoranes, colibrís, pelícanos, guacamayos, tucanes, cuervos, loros y miles más. El ruido de sus cantos era ensordecedor. Todos tenían una característica común, no eran como el resto de su especie
-¿Qué es esto? – pregunté-
-Es la Isla de las Aves Malditas. Es el lugar al que venimos todas las que no somos aceptadas por nuestros semejantes.
Me invadió la sensación de haber pertenecido siempre a aquella isla.
- ¿Me puedo quedar?
-Es tu casa, por eso te he traído.
-¿Cómo te llamas?
-Mi nombre es Juan Salvador
A la mañana siguiente, una pareja que paseaba por la playa encontróel cadáver de una extraña gaviota negra, que era acunada por las olas como si la quisiesen despertar.