Fotografia de Antoon's Foobar
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El viaje hasta la comisaría fue rápido.
En el trayecto, Ángel comprendió que la única forma de que supiesen donde estaba era a través del taxista, a no ser que le hubiesen estado siguiendo.
Esperaba que Elsa, no se hubiese percatado de la visita de la policía a la puerta de su casa. Tenía interés en volverla a ver
Intentó hablar con el conductor, del motivo de su detención, pero fue inútil. Este no abría la boca.
Al llegar, le trasladaron a unas dependencias, parecidas a las que había en España. Las comisarías eran similares en cualquier sitio. Lo encerraron en una habitación, con una mesa, tres sillas y un enorme espejo en una pared. El las conocía bien, era una sala de interrogatorios.
A Los pocos minutos se abrió la puerta y entraron dos personas, una era el policía alemán que le había traído, la otra era Gerardo Tremp, subcomisario de INTERPOL en España y amigo suyo.
Ángel, se alegro al ver a su amigo y después de la sorpresa inicial, comenzaron a hablar.
Desde que Ángel se puso en contacto con Gerardo, la segunda vez, este inicio algunas investigaciones sobre Luis Forniés, el industrial que le había contratado.
Descubrió que la empresa había pasado por una crisis dos años antes. Malas inversiones y la crisis económica estaban abocando a la industria al cierre. Los informes señalaban que, el que había sido su proveedor principal durante muchos años, dejó de serlo y desde entonces ocupó su lugar una empresa de importación y exportación china con su sede europea en Dusseldorf. Empresa, que tenía a su nombre el BMW que había seguido a Ángel. La mejora de la situación de la compañía de Forniés coincidió con la llegada del nuevo proveedor.
Podía ser una casualidad, pero el subcomisario no creía en las casualidades y volvió a contactar con su colega alemán. Se traslado a Alemania y al establecer la relación entre ambos, lo que era una investigación extraoficial pasó a ser oficial. Se vigilaban noche y día los movimientos del testaferro chino y de las personas que estaban en su entorno.
Me localizaron a través del taxista, como ya suponía.
El taxista era uno de los habituales del hotel y uno de los conserjes me vio subir al coche, la noche que me trasladó a la zona antigua de la ciudad. Cuando la policía se presento en el hotel preguntando por mí, el conserje les facilito el número del taxi. Después de interrogarlo, le pidieron que si volvía a contactar conmigo, les avisase, y así lo hizo en esa mañana.
No estaba detenido. Me habían trasladado como medida de precaución. El día anterior, mientras estaba emborrachándome, Luis Forniés, el industrial, había visitado la casa de Solingen, donde vi por ultima vez a Diana. Estuvo durante dos horas dentro y después regresó al hotel.
Me ordenaron que me mantuviese al margen y que dejase hacer su trabajo a la policía. Pero sabían que no les iba a hacer caso.
Regresé al hotel y pregunté por Luis Forniés. No habíamos aclarado, aunque era evidente, si seguía contratado o no, y con esa excusa intenté hablar con el. Lo encontré en el bar y me acerqué. Después de saludarle y pedir un café, le pregunté por su estado de animo. Aparentemente estaba muy afectado por lo ocurrido. Me dijo que estaba destrozado, y por un instante le creí. Como ya suponía, me dijo que el contrato que manteníamos, no tenia sentido, y que daba por finalizados mis servicios. Me liquidaría lo pendiente a mi regreso a España.

Mientras hablaba con el, localicé, al menos, a dos agentes que estaban vigilando al industrial. Me contó que el traslado del cadáver de Diana a España se produciría al día siguiente, una vez realizada la autopsia.
Su móvil sonó y contestó con monosílabos, para al colgar, decirme que tenia que marcharse.
Nos despedimos cordialmente y salio del hotel a coger un taxi en la puerta. Yo hice lo mismo unos segundos mas tarde. Suficientes como para ver que los dos agentes que había visto antes, se subían a otro coche y seguían al taxi.
Como pude, le hice entender al mío que siguiese al que le precedía. Atravesamos la ciudad y fuimos a una zona industrial donde había naves de aspecto desvencijado. El taxi paro en la puerta de una de los hangares y yo me detuve unos metros antes.
Cuando el vehiculo había arrancado me encontré rodeado de policías que no había visto hasta ese momento.
Me apartaron sin ningún miramiento y me llevaron a una zona mas retirada.
Todo acabó en unos minutos. Los pocos disparos que escuche fueron de intimidación y no hubo heridos.
La policía entró en el hangar y detuvo a los que estaban allí.
Se había recibido un contenedor de componentes electrónicos de China y entre los equipos había un cargamento de heroína de gran pureza, que iba a ser transportado a España, a la fábrica de Luis Forniés.
El industrial hacia de almacén y distribuidor de la mercancía a otros traficantes de menor escala.
Al día siguiente había quedado con mi amigo Gerardo en la cafetería del hotel. Frente a dos Talisker me contó la parte de la historia que yo no sabia.
Luis Forniés vio una posible salvación a su situación, cuando su delegado en Alemania le propuso esa parte oscura del negocio.
La cobertura era perfecta. El importaba componentes para sus equipos y era perfectamente legal. La mercancía viajaba en camión desde Alemania y pasaba la aduana al llegar a España, a través de agentes que también estaban en el negocio.
Al principio todo fue bien, pero en uno de los envíos, Diana se enteró de lo que ocurría. Habló con su marido e intentó convencerlo para que lo dejase. Ante su negativa, le amenazó con denunciarlo. Amenaza que no tenia intención de cumplir, pero le sirvió para ver la autentica cara de la persona con la que se había casado y a la que amaba profundamente.
Empezó a tener miedo al percatarse de que la seguían y decidió escribir todo lo que sabia y entregárselo a un abogado amigo, con las instrucciones de que si le ocurría algo lo entregase a la policía.
Esas fueron las fotografías que el primer investigador había tomado de Diana con otro hombre
El abogado, al escuchar la noticia en los medios de comunicación, hizo lo que le había dicho Diana y fue a la policía.
Luis Forniés me contrató con intención de que fuese su coartada, ya que después de hablar con su proveedor había decidido matarla. Al tener a un detective de primer nivel siguiendo a Diana en otro país no habría nada que pudiese implicarle.
Recibí la llamada de Elsa cuando estaba terminando mi charla con Gerardo. Quedamos en el pub en que nos habíamos conocido.
Ya en la habitación del hotel, mientras me daba una ducha y me cambiaba para acudir a la cita, pensé que me iba a tomar unos días de vacaciones.
Cuando volví a ver esos ojos verdes, olvidé gran parte de los avatares de los últimos días.

Como me gustaba esa mujer.
Su sonrisa me indicó que ella también se alegraba de verme. Tomamos una cerveza y salimos a pasear. Nos fuimos acercando hacia el río cogidos de la mano y riendo animadamente.
Empecé a reconocer una sensación que hacia mucho tiempo que no sentía.
Cuando llegamos a uno de los puentes, empezamos a cruzarlo.
El ocaso anunciaba su llegada.
Miré hacia el río y vi las oscuras aguas que, con un suave murmullo, seguían su interminable camino hacia el mar.
Pensé en Diana y me entristecí. Recordé algo que me dijo la noche que estuvimos cenando “El Rhin, mi querido amigo, tiene su propio influjo, te atrae, te subyuga, te llega a embrujar. Tenga cuidado con el”
Miré a Elsa con ternura, me perdí en sus verdes ojos y la besé.
FIN
H. Chinaski






