
Si alguien me pregunta que hago aquí, no sabría contestar.
Estoy en un mundo que, como Alicia en su País de las Maravillas, me picó la curiosidad conocer. Me transmuté en su Conejo Blanco y caí por un precipicio que me llevo a una dimensión nueva, desconocida, donde la fantasía impera por doquier.
Un mundo de princesas encerradas en inexpugnables almenas que esperan a ser rescatadas por bravíos caballeros.
Princesas que amenizan su cautiverio azotando y violando sin piedad a escuderos y doncellas.
Caballeros que, henchidos de pasión y de vino, estrellan sus caballos contra los muros del castillo, esperando ver su caída como si fuese un naipe.
Un mundo donde la razón no alcanza. Donde uno y uno pueden ser dos o veintidós.
Un mundo en el que borrachos infames, seducen a púberes niñas. Asesinos psicópatas sacian su inagotable sed de muerte, yendo a las pocas horas a trabajar a la oficina.
Un mundo donde plasmamos lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros y de los otros
Todo es pero no es. Nada hay pero está. Parece que somos y somos, aunque creamos que no.
Es la razón de la sin razón, la insoportable levedad del ser que nos transporta hacia objetivos soñados y nunca logrados.
Es el quiero y no puedo, pero aquí si.
Es la metamorfosis kafkiana del devenir incongruente de mentes alienadas que claman por dejar de serlo.
Son gritos en el silencio y silencios con gritos que se clavan como afilados estiletes.
Corazones púrpura bombeando sangre hacia un vacío interminable
Avatares, Nicks, personajes al fin y al cabo, que amparados en el anonimato creamos nuestro propio País de las Maravillas
Producimos desvaríos que lanzamos al ciberespacio con la vana ilusión de encontrar adeptos a nuestras frustraciones
Juntamos palabras y queremos que nos consideren ESCRITORES.
Si
Con mayúsculas
Que hay que diferenciarse del escritor de andar por casa. No hay que olvidar que escritor es todo aquel que escribe. No vaya a ser que alguien nos pudiera confundir.
A pesar de todo, de personajes, Nicks y avatares, entre bambalinas y sin salir a escena, estamos los artífices de estas locuras.
Hay buenos, malos y mediopensionistas, como en el cine. Otros van de oyentes, como en la Facultad. Algunos gustan de jugar con sus semejantes a juegos sucios y rastreros en los que siempre gana el mismo, el chamarilero, el que mejor se sabe vender.
También hay buena gente, gente sana, de corazón noble, que quiere y quiere que la quieran. Conozco a unas cuantas y cuantos. No muchos, por que lo mucho, si abundante, casi deja de ser bueno por definición.
No me incluiré en ningún grupo, pues no me corresponde a mí el hacerlo. Serán otros los que me juzguen
Locuras y fantasías, que llevan siempre un sello personal de presencia inevitable. Es el genoma de cada poema, de cada relato, de cada historia. Son sangre de nuestra sangre. Hemos dejado una parte de nosotros al escribirlos.
Conejo Blanco, siempre con prisa, siempre corriendo, intentando vencer al tiempo. Heraldo de la corte, espectador incansable, intentas asimilar y transcribir la información pero, incluso en este mundo de fantasía, la realidad supera a la ficción. Y no puedes. Tu cabeza estalla. Tu preocupación aumenta. Me recuerdas al hámster que corre sin descanso sobre la rueda, persiguiendo algo desconocido e inalcanzable. No eres capaz de comprender que tu no te mueves, eres una foto fija. El tren permanece estático en la vía, lo que se desplaza es el paisaje.
He estado ausente unos dias, intentare volver a la normalidad y visitaros poco a poco.
Gracias por vuestra paciencia
Fotografía tomada de la web de Disney
